
Su alto contenido en ácido oleico (ácido graso monoinsaturado presente en un 56-83%) resulta muy beneficioso a la hora de regular los niveles de colesterol en sangre, aumentando el llamado colesterol bueno (HDL) que ejerce un papel protector y que disminuye el colesterol malo (LDL) así como el riesgo de sufrir aterosclerosis o formación de ateromas en las arterias.
Actúa mejorando el funcionamiento del estómago, hígado, páncreas e intestino. Reduce la acidez gástrica y facilita la cicatrización de úlceras.
A nivel circulatorio, previene la arteriosclerosis, el infarto de miocardio y la trombosis cerebral.
A nivel de la piel posee un efecto protector y tónico, previniendo el envejecimiento de las células debido a su contenido en componentes antioxidantes.
Es conocido su efecto preventivo sobre algunos tipos de cánceres como el de mama debido a su contenido en compuestos fenólicos y otros componentes antioxidantes.
Estimula el crecimiento óseo favoreciendo la absorción de calcio y su mineralización.
Con respecto a la diabetes, la ingesta de aceite de oliva evita la elevación de la glucosa sanguínea precisando menos dosis de insulina.
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